Sol lunar

Una noche en la que caminaba
volviendo a casa
me encontré sin querer con tu mirada
que siempre ilumina mi camino.

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Dimos un breve paseo
que nos llevó directo hasta la luna,
una luna llena que permitió
la magia de un reencuentro.

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Mirando el mar

Mirando el mar, veo el reflejo de la luna en el agua. En ese momento, descubro que soy como la luna, llena de luz, cíclica, fiel compañera del sol.

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Desnuda ante la inmensidad del océano, me sumerjo en sus profundidades. Puedo sentir como el agua empapa todo mi ser, haciéndome renacer con su ir y venir.

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Retrato de una mujer que no puede parar de llorar

Generalmente vemos en las redes sociales imágenes de gente feliz, sexy y sonriente. Las imágenes tristes provienen de guerras, catástrofes naturales, asesinatos, etc. Pero poca gente comparte su tristeza. Hoy quiero compartir la mía.

Quiero que me vean cuando no estoy arreglada, cuando no sonrío, cuando las lágrimas ruedan por mis mejillas y terminan su recorrido en mi boca.

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Esta es mi realidad. No es la primera ni la última vez que voy a llorar. Para mí las lágrimas son mi forma de llorar amor, de limpiar, de sanar. Son mi lenguaje para expresar que estoy cansada, saturada y que necesito descansar. Son mi manera de soltar lo que ya no soy y lo que ya no es.

Llorar es mi forma de decir que me gustaría vivir en un mundo donde si lloro no sea considera débil, sino simplemente sensible, abierta y vulnerable.

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El dulce sabor de una mujer exquisita

Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies,
sino aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.

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Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca,
ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo…
es aquella que con tan solo una sonrisa y un buen consejo
puede alegrarte la vida.

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Sal con una chica que lee

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

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Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

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*El Llamado de la Mujer*

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¡Mira tu poder como mujer!

Tuerce los cielos y estrújalos en el Ser,

Convierte los Océanos en una sola gota y de allí

lleva al Ser hacia los eternos vientos pránicos,

En los que debes estrujar todas las estrellas, Soles y Lunas.

Y más allá – hay un espacio donde debes sobresalir.

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Ser da miedo: Para ser mujer hay que ser un poco cabrona

Ser uno mismo da tanto miedo como dejar de ser. Pero para llegar a lo primero hay que pasar por lo segundo.

Muchas veces creemos cosas que no son y las tomamos como verdaderas. Voy a dar un ejemplo:

Cuando empezamos a salir con mi ex novio, tuvimos un par de citas antes de terminar en la cama, y al tiempo de haber consumado el acto me dijo: “Pensé que ibas a ser aburrida en la cama”.

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Lo miré y le dije: ¿Se puede saber por qué? Imagino que es porque no me emborracho, ni fumo, ni me drogo, porque no voy de cama en cama, ¿si no sos así no podés ser buena en la cama, no? ¿Te das cuenta que no todo lo que ves y pensás es como parece? Lo pensó mejor y me preguntó ¿entonces vos te aburrís conmigo? Estás empezando a entenderme, le dije.

La cuestión es que casi toda la sociedad piensa como él. Si no estás en exposición o la venta, no hablás de tus hazañas sexuales, no bebés en exceso, no te drogás en exceso, no tenés adicciones, sos tildada de aburrida y de carecer de habilidades sexuales.

La dulzura, la honestidad, la espontaneidad, hacer sentir bien a otro y tantos otros valores, ya no garpan (no valen para nada). Las mujeres por intentar tener las mismas “libertades” que los hombres y por tener a alguien al lado a cualquier precio perdimos absolutamente nuestro lugar. Sigue leyendo

¿Por qué un hombre ama a una mujer?

Porque ella lo inspira.

No la ama por el sexo, sus habilidades sociales, cocinar bien o por ser buena madre.

Estas cualidades apoyan su anhelo más profundo.

Él la ama porque ella puede sacarlo de lo mundano.

Un hombre es atraído por una mujer que puede darle lo que le falta o ayudar a desarrollar diferentes aspectos de sí mismo.

Se siente atraído a una mujer porque lo puede llevar a un nivel distinto de experiencia.

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Quiere que lo ponga en un estado donde el conflicto pueda ser removido y lo lleve a la relajación.

La ama porque lo puede llevar a la eternidad y experimentar su ser infinito.

Esta es la base principal para una relación de largo plazo. El hombre quiere compañía.

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Elogio a la mujer brava

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido.

Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos.

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A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca.

Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas.

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