La soledad que sana

Para la mayoría de la gente la palabra soledad es sinónimo de fracaso. La vida no es otra cosa que un entramado de relaciones. Las relaciones existen queramos o no, entonces ¿por qué nos obsesionamos tanto con algo que existe independientemente de nosotros?

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Una relación da igual si no sabemos cómo relacionarnos. Hay personas que salen de una relación y se meten en otra o buscan algún cuerpo para llenar un vacío que creen que el otro les dejó.

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Elogio a la mujer brava

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido.

Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos.

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A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca.

Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas.

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Loading… En proceso de maduración

Cada uno es el reflejo de lo que hace, lo que siente y de lo que provoca en los demás.

Una vez una amiga me dijo “Babu, vos tenés que empezar a hacerte cargo de lo que generás en los hombres”. La miré con cara de estupor, sólo atiné a decirle “pero si no hago nada” y me quedé pensando en lo que me dijo.

Creo que hace unos años empecé a entender lo que realmente me quiso decir. Capaz que nunca me hice cargo de lo que generé en el otro, hoy siento que ese fue mi gran error en mis contadas relaciones de pareja y en el resto de mis historias.

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“Sexualmente me enloqueces, sentimentalmente me enamoras”

Lo más probable es que no me hiciera cargo porque eso implica un compromiso que quizás en ese momento no podía tomar ni conmigo ni con el otro. Ser conciente de lo que uno es, hace y genera no es nada fácil, hay que hacer un largo proceso para darse cuenta qué es real y qué no. Hay que verse la cara con el verdadero yo.

Se ve que este proceso lo empecé a hacer una vez que falleció mi mamá. Ahí decidí empezar de cero. A limpiarme, a sanarme, a saber quién soy, etc. Fueron casi 3 años de ir hacia adentro, de descubrirme, de comprenderme, de aceptarme, de encontrarme conmigo misma.

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Buceando en las profundidades

Para descubrir la verdad hay que llegar al fondo de uno mismo. Hay que bucear por ese mar de contradicciones, de constantes polaridades.

Y en ese navegar, en esa búsqueda es cuando nos damos cuenta que estamos completamente equivocados. Que muchas veces creemos cosas o tenemos cosas en la cabeza que no son nuestras y lo peor es que en ellas se nos va la vida.

Tal vez estas vacaciones me vinieron muy bien para cerrar ciertos temas que tenía que resolver. Por fin puedo aceptar y reconocer que todos mis conceptos sobre el amor fueron derrumbados de un soplido. Y más que tristeza, esto me da alegría.

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Porque sé que no sé nada, y creo que tampoco hay que saberlo. Más bien hay cosas que hay que experimentarlas, descubrirlas sin suponer, sin tener ideas al respecto. Es duro reconocer que uno vivió equivocado. Pero todo este tiempo que estuve sola me sirvió para ir cambiando todas estas hipótesis erradas.

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Aparecemos y desaparecemos, estamos de paso

El otro día fui al cine a ver Antes del atardecer. La película es un poco lenta, pero tiene unos diálogos imperdibles. Hay una escena donde están almorzando 3 parejas jóvenes y dos personas mayores, una mujer y un hombre, ambos viudos, entonces todos cuentan la historia de cómo se conocieron.

Uno de los chicos que estaba en la mesa, le pide a su abuelo que cuente la historia de cómo conoció a su abuela. Entonces el señor mayor dice que ella siempre le pidió que él se preocupara de él, que si él era feliz, ella también, que en vez de ser uno siempre fueron dos, y que siempre se encontraban en el medio.

Otra de las parejas jóvenes contó que se colonizaban el uno al otro, hasta que le tocó el turno a la mujer mayor que contó que cuando dormían juntos él la abrazaba y ella de esa manera se sentía protegía. Que muchas veces soñaba con él y que no sabía si era realidad o había sido un sueño, que aparecía y desaparecía y que a veces se olvidaba de su cara. Y su conclusión fue: “todos aparecemos y desaparecemos, estamos de paso.”

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*Carta de creencia*

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Entre la noche y el día
Hay un territorio indeciso.
No es luz ni sombra:
Es tiempo.
Hora, pausa precaria,
Página que se obscurece,
Página en la que escribo,
Despacio, estas palabras.
La tarde
Es una brasa que se consume.
El día gira y se deshoja.
Lima los confines de las cosas
Un río obscuro.
Terco y suave
Las arrastra, no sé adónde.
La realidad se aleja.
Yo escribo:
Hablo conmigo
—Hablo contigo.

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Siempre fuiste mi espejo

Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

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Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito
que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.

— Bolero, Julio Cortázar