Una pintura en el espejo

Lo primero que veo cada vez que me miro al espejo es la imagen de una pintura que un montón de artistas crearon con sus definiciones y miradas acerca de mí.

Como ese cuadro no me representa, en el segundo intento de mirarme y ver quién soy, comienzo a observar mi cuerpo, mis rasgos, mi piel.

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Una vez que hago contacto con mis ojos, voy más allá de la forma y me encuentro con mi fondo. Ese fondo vivo, lleno de matices y colores, indescifrable, insondable, indescriptible.

Mis ojos se pierden en mi interior. Hacen un viaje por las profundidades de mi ser. A veces está oscuro, me da miedo atravesar el abismo que se abrió en mis entrañas.

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Detrás de la puerta

Un día apareciste sin que te buscara y tu mirada me devolvió a la vida. Dejé atrás las películas y los rollos mentales que me acechaban en ese momento para volver a mí. Me salvaste.

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Te convertiste en mi sombra. Te encontraba en los lugares más inesperados. Te miraba con los ojos y te veía con el corazón. Vos tenías ojos para tus dramas emocionales y me veías a través de los vidrios empañados de tu confusión. Quizás sólo puedas verme con claridad en tus fantasías, porque ahí estás a salvo de la realidad.

Te abrí las puertas de mi corazón de par en par; te asomaste, viste lo que había, como era, te sentiste a gusto, pero decidiste cerrarla y quedarte en la puerta. Aún teniendo el picaporte en la mano para abrirla, nunca te atreviste a pasar del umbral.

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Mientras cae la lluvia

Siempre que llueve me gusta mirar por la ventana, ver como las gotas caen, dejando su huella sobre el vidrio.

Mis pensamientos vuelan como si fueran una hoja que el viento arrancó de un árbol porque necesitaba volar.

La brisa me lleva lejos, a veces me arrastra por el suelo y otras me eleva tan alto que me da miedo bajar.

Y voy recorriendo el mundo, cambiando de color, observando la luz en la mirada de la gente que se ama y escuchando la trivialidad con la que algunos hablan de amor.

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El reloj marca el tiempo de las decisiones que tomamos

Para mí el tiempo no existe. ¿Será por eso que no me gusta usar reloj? Lo que llamamos tiempo solamente son decisiones. El tiempo cobra vida a través de nuestras elecciones.

Pensar que el tiempo es limitado es una excusa para no elegir. La falta de elección muchas veces nos lleva por caminos complicados. El tiempo se vuelve una prisión interna que nos impide elegir porque estamos presos de nosotros mismos. Elegir nos da la posibilidad de vencer obstáculos y cumplir sueños.

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La vida es una cuestión de decisión. Nos permite elegir lo que queremos, en lugar de dejar que los otros elijan por nosotros, por eso también es una cuestión de coraje y determinación. Para tomar decisiones es necesario ser valiente, porque muchas veces hay que empezar de cero, hay que arriesgarse.

El tiempo se vuelve importante porque al arriesgar a veces podemos “perderlo” y quedarnos sin nada. Pero el tiempo nunca se pierde, sólo perdemos oportunidades o ganamos experiencias.

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Retrato de una mujer que no puede parar de llorar

Generalmente vemos en las redes sociales imágenes de gente feliz, sexy y sonriente. Las imágenes tristes provienen de guerras, catástrofes naturales, asesinatos, etc. Pero poca gente comparte su tristeza. Hoy quiero compartir la mía.

Quiero que me vean cuando no estoy arreglada, cuando no sonrío, cuando las lágrimas ruedan por mis mejillas y terminan su recorrido en mi boca.

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Esta es mi realidad. No es la primera ni la última vez que voy a llorar. Para mí las lágrimas son mi forma de llorar amor, de limpiar, de sanar. Son mi lenguaje para expresar que estoy cansada, saturada y que necesito descansar. Son mi manera de soltar lo que ya no soy y lo que ya no es.

Llorar es mi forma de decir que me gustaría vivir en un mundo donde si lloro no sea considera débil, sino simplemente sensible, abierta y vulnerable.

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El otoño, reflejo de la desnudez

El otoño es una estación para autodescubrirse. Los árboles nos enseñan a mudar la piel, a cambiar de color, a desnudarnos. Tal vez el otoño no sea otra cosa que el reflejo de la desnudez.

Esta estación nos invita a quitarnos poco a poco nuestras capas hasta llegar a la raíz. Y una vez que llegamos a las profundidades, solos y a oscuras, podemos ver y saber quiénes somos.

Llegar a la raíz, excavando y removiendo tierra, me muestra lo que soy, tu reflejo. Somos raíces que se reflejan en el agua. Mi desnudez, te desnuda.

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