La llama doble

El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Disper­sión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo.

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Shunga: arte erótico japonés

Shunga es el arte erótico que nos encamina a la utopía sexual que abre la puerta a un paraíso paralelo donde la libertad sexual florece. Se ubica entre el idealismo y la pornotopía.

El erotismo en Oriente , y más que nada en Japón, se vive en sintonía con los extremos. Por un lado existen dulces cópulas cobijadas por pétalos de angelicales cerezos o encuentros sexuales de solemne pulcritud y de corte casi marcial. Por  otro lado se encuentran exuberantes dinámicas que involucran prostitutas robóticas o sesiones de sexo con disfraces y escenarios hiperkinky. Esto indica que difícilmente se puedan encontrar tintes medios en la cultura sexual japonesa.

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Dentro de esas manifestaciones sexuales se encuentra el shunga, término que literalmente significa “primavera” y se utiliza para agrupar las obras que forman parte de una tradición de arte erótico. Dichas obras corresponden a grabados impresos mediante placas de madera. También existen otras técnicas dentro de esta vertiente.

Estas piezas se realizan en entornos cotidianos estéticos, reacondicionados de acuerdo con la época y el lugar al que corresponden. Generalmente son escenas de sexo surrealistas que, ya sea por las poses y posturas o la presencias de elementos descontextualizados, generan un paraíso en el cual confluyen el deseo carnal y la permisión fantástica.

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El verdadero erotismo no conoce de límites

Hay que rendirse ante el flujo primordial de la naturaleza para liberar al erotismo de la lógica del mercado y de los esterilizantes de la razón.

El objetico principal del amor es la ingestión de la Galaxia. Una conspiración para la transmutación. El mismo implica una sexualidad no ordinaria. El mundo anglosajón post-Protestante canaliza toda su sensualidad reprimida hacia la publicidad, dando vida a mojigatos histéricos o clones promiscuos.

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Hay que quitarle al erotismo los engranajes del capitalismo y tener relaciones eróticas no sólo entre hombres y mujeres (y hombres y hombres y mujeres y mujeres y todas las variaciones), sino también con árboles, flores, animales, montañas, estrellas y galaxias. El amor, si es, está en todas partes.

Si queremos experimentar la infinita energía del amor sexual, la divinidad salvaje de nuestros cuerpos en éxtasis, debemos liberarnos de la economía del amor. Para ello, el amor no debe ser escaso. Mientras que en el cosmos salvaje abundan los amantes, la cultura de la comodidad nos ha robado esto. Por lo que nos queda aprender a amarnos, descubrirnos a nosotros mismos como una fuente de placer tal que nos enamoremos de nosotros mismos.

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Espasmos simultáneos

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Acababan de conocerse. Ella estaba tendida en la cama mirando una película de domingo por la tarde, su aspecto delataba reminiscencias de la noche anterior, solo la cubría una camiseta y las bragas, cuando él se sentó frente a ella, sigiloso, a contemplarla. Ella le dirigió una fugaz mirada sugerente, volviendo a posar sus ojos en el televisor.

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