Lluvia de arena

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Una tarde de sol, caminando por la playa, me encontré a mí misma.

Cuando ya no me buscaba, aparecí; tan clara y luminosa como la luna llena; furtiva como una loba solitaria entre la espesura del bosque, que, por fin, halló su madriguera.

Caí de rodillas, desnuda, mirando al cielo, con los brazos abiertos; gracias al viento, podía sentir como la arena se precipitaba como torrente sobre mis pechos y mi vientre.

Me dejé acariciar por la lluvia de arena, tan infinita como un instante, para llenarme de vida, volverme mar y reinventarme en la marea.

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Un billete de ida hasta mi ombligo

Una mañana de otoño
compré un pasaje de tren
sin retorno hacia mi interior
un viaje hacia lo desconocido.

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Al empezar el camino de descenso
hacia las profundidades de mi alma
me llevé las manos al vientre
lo acaricié y me miré el ombligo.

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*Cómo llenarte, soledad*

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Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma…

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

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Lo pequeño y lo grande

En la vida existe un valor que permanece muchas veces invisible para los demás, pero que el hombre escucha en lo hondo de su alma: es la fidelidad o traición a lo que sentimos como un destino o una vocación a cumplir.

El destino, al igual que todo lo humano, no se manifiesta en abstracto, sino que se encarna en alguna circunstancia, en un pequeño lugar, en una cara amada, o en un nacimiento pobrísimo en los confines de un imperio.

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Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los buscaba porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.

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Lo distante pide a gritos quedarse….

Una mujer mirando al mar

Es como ver a través de los ojos de alguien su alma mucho antes de que él o ella misma lo haya descubierto. O como si de repente quisieras atrapar esos instantes que rápidamente se materializarán. Es como sentir un poco más de la cuenta y saber que eso no cuenta. Son relojes que no están en la misma hora, que van a destiempo.

Y entonces vas comprendiendo que es tan necesario aprender a conservar lo que llega a nuestra vida como dejar correr el agua que escapa a través de nuestras manos. Lo distante permanece lejano, y lo lejano no nos pertenece, sino que siempre nos es ajeno. Lo distante pide a gritos quedarse, pero nada podemos hacer mientras permanezca observando desde la orilla por no atreverse a navegar nuestro mar. 

Y mientras tanto el desafío será no dejar de ser mar…..

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