A la luz de la farola

En el cielo comienzan a aparecer los colores del atardecer, y en la ciudad empiezan a encenderse las luces de las farolas para iluminar nuestros caminos.

Son las encargadas de alumbrar con elegancia las calles y nuestros pasos. Son nuestras guías durante la noche, iluminan en la oscuridad.

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Siempre que miro una farola, recuerdo que también tengo que iluminar de alguna manera mi camino.

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Ser da miedo: Para ser mujer hay que ser un poco cabrona

Ser uno mismo da tanto miedo como dejar de ser. Pero para llegar a lo primero hay que pasar por lo segundo.

Muchas veces creemos cosas que no son y las tomamos como verdaderas. Voy a dar un ejemplo:

Cuando empezamos a salir con mi ex novio, tuvimos un par de citas antes de terminar en la cama, y al tiempo de haber consumado el acto me dijo: “Pensé que ibas a ser aburrida en la cama”.

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Lo miré y le dije: ¿Se puede saber por qué? Imagino que es porque no me emborracho, ni fumo, ni me drogo, porque no voy de cama en cama, ¿si no sos así no podés ser buena en la cama, no? ¿Te das cuenta que no todo lo que ves y pensás es como parece? Lo pensó mejor y me preguntó ¿entonces vos te aburrís conmigo? Estás empezando a entenderme, le dije.

La cuestión es que casi toda la sociedad piensa como él. Si no estás en exposición o la venta, no hablás de tus hazañas sexuales, no bebés en exceso, no te drogás en exceso, no tenés adicciones, sos tildada de aburrida y de carecer de habilidades sexuales.

La dulzura, la honestidad, la espontaneidad, hacer sentir bien a otro y tantos otros valores, ya no garpan (no valen para nada). Las mujeres por intentar tener las mismas “libertades” que los hombres y por tener a alguien al lado a cualquier precio perdimos absolutamente nuestro lugar. Sigue leyendo