Un billete de ida hasta mi ombligo

Una mañana de otoño
compré un pasaje de tren
sin retorno hacia mi interior
un viaje hacia lo desconocido.

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Al empezar el camino de descenso
hacia las profundidades de mi alma
me llevé las manos al vientre
lo acaricié y me miré el ombligo.

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Jugando con los dedos

-No, esta vez mando yo, dijo ella presumida.

Ya desnudo, lo acostó en la cama, le vendó los ojos, prendió incienso y empezó a sonar una sensual música.

Se acercó a él lentamente, suavamente le acarició la cabeza, luego la cara, le pasó la lengua por el cuello y fue bajando de a poquito hasta su pecho. Allí se quedó un largo rato jugando con sus pezones y mordisqueándolos, mientras con las manos le acariciaba el pectoral.

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Siguió deslizando sus manos por las caderas y el muslo, mientras él intentaba tocarla, pero ella no lo dejaba. Pasó su lengua por el ombligo y su vientre. Continúo bajando acariciando sus ingles, lamiéndole las piernas, y para terminar le ofreció un masaje en los pies.

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