Con los cincos sentidos

Tener un cuerpo desnudo enfrente dispara todos los sentidos.

El olor que emana por los poros, la suavidad de la piel al tacto, la belleza y la armonía que entra por los ojos, el sonido de los acelerados latidos del corazón y de los gemidos, y el sabor que se desprende del sudor y de los diversos fluídos no se puede comparar con nada.

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Todos estos sentidos ayudan a desarrollar una mejor comunicación, confianza y conocimiento, además (si se utilizan correctamente) de aumentar el placer y la tensión en el otro.

Nuestros sentidos terminan donde comienzan los del otro.

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La belleza, la sensualidad y lo estético son el motor de mi vida

El martes empecé a bailar Funky. Y creo que di en el clavo con la disciplina.
Eso de sacar el culo, mover las caderas y los hombros es lo mío. Para mí la sensualidad es todo.

Al principio iba medio tímida, pero ya desde el inicio clavé mis media puntas, mis hombros se movieron sexys, y al final de la clase ya mi cuerpo iba solo. Mis caderas iban y venían (aunque siempre dije que tienen vida propia) y todo lo que era poner el culo en pompa me salía como si lo hiciera todos los días.

Para que algo sea sensual, tiene que tener una gracia natural, cierta belleza. Soy una amante de la belleza y de lo estético.

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Desde la forma de agarrar algo, el mover la boca y las manos para hablar, las miradas que mezclan picardía con inocencia, todo esto puede resultar terriblemente sensual y estético.

Siempre pensé en lo siguiente: Todos somos seres sexuales, pero pocos seres son sensuales. La sensualidad pasa por otro lado.

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Jugando con los dedos

-No, esta vez mando yo, dijo ella presumida.

Ya desnudo, lo acostó en la cama, le vendó los ojos, prendió incienso y empezó a sonar una sensual música.

Se acercó a él lentamente, suavamente le acarició la cabeza, luego la cara, le pasó la lengua por el cuello y fue bajando de a poquito hasta su pecho. Allí se quedó un largo rato jugando con sus pezones y mordisqueándolos, mientras con las manos le acariciaba el pectoral.

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Siguió deslizando sus manos por las caderas y el muslo, mientras él intentaba tocarla, pero ella no lo dejaba. Pasó su lengua por el ombligo y su vientre. Continúo bajando acariciando sus ingles, lamiéndole las piernas, y para terminar le ofreció un masaje en los pies.

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