El perro y el sol

Había una vez un perro que se enamoró completamente del sol. Él era feliz los días en que Febo iluminaba con sus rayos, ya que sabía que salía de paseo, podía correr por los parques, y hacer todas las cosas que le gustaban. Y allí arriba estaba él, mirándolo, dándole su amor incondicional.

Un día el perro se encontró con un genio, el cual decidió concederle un deseo. El perro pidió ser humano porque pensó que de esa manera podría estar más cerca de su amor. Deseo concedido. De golpe una tormenta enorme azotó la ciudad, y cuando dejó de llover, el perro era un hombre. Un hombre muy apuesto.

216104_10150156200266082_8016073_nPasada la tormenta, salió el sol, que se sintió muy triste y deprimido por no encontrar a su amigo perro que lo miraba tiernamente desde la Tierra. A partir de ese momento nació el invierno. Los días se hicieron más cortos, porque el sol ya no tenía fuerzas para brillar.

Una semana donde no paraba de llover, un ángel se acercó al sol y le preguntó porqué se escondía. Le contó su triste historia y el ángel le concedió un deseo. El sol pidió ir con su amado amigo perro.

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*Cómo llenarte, soledad*

soledad

Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma…

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

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*Carta de creencia*

Imagen

1

Entre la noche y el día
Hay un territorio indeciso.
No es luz ni sombra:
Es tiempo.
Hora, pausa precaria,
Página que se obscurece,
Página en la que escribo,
Despacio, estas palabras.
La tarde
Es una brasa que se consume.
El día gira y se deshoja.
Lima los confines de las cosas
Un río obscuro.
Terco y suave
Las arrastra, no sé adónde.
La realidad se aleja.
Yo escribo:
Hablo conmigo
—Hablo contigo.

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