Algo bonito

Últimanente siento que la belleza está perdiendo su verdadero significado; que hay pocas personas que saben reconocerla, saborearla, disfrutarla, y hacerse uno con ella.

Realmente es algo que me preocupa. Mucho más que la política, la economía y la paz mundial. Alguien que no puede admirar algo bello, que no sabe distinguir entre algo bonito de lo que no lo es, nunca podrá disfrutar de nada aunque el Universo le ponga delante lo que más quiere.

Ya falta poco. Todo este viaje está llegando a buen puerto. Es el último portal del sufrimiento. Detrás de la puerta, sólo hay liberación. Lo estamos haciendo. Nacemos de nuevo. Vos y yo. Como siempre. Como antes. Como ahora. Inmortales. En tu mirada me quedo, eterna. Soy eterna cuando te miro porque te miré tantas veces. Ahora tenemos que hacerlo. De una buena vez. Te acompaño, amor. Siempre. Con vos. Unida por un lazo que atrapa lo mejor de vos. Espantada por tu orgullo. Ese que aprendiste a tener para no amarme. Te dicen que no. Me dicen que sí. Y seguiré. Quizás. Impávida ante vos. Queriéndote por las dudas. Soleada. Infinita. Elegantemente tuya. La que vos quisiste. La que te indigna con su luz. Esa. Yo. La mujer de tu vida.

Ya falta poco. Todo este viaje está llegando a buen puerto. Es el último portal del sufrimiento. Detrás de la puerta, sólo hay liberación. Lo estamos haciendo. Nacemos de nuevo. Vos y yo. Como siempre. Como antes. Como ahora. Inmortales. En tu mirada me quedo, eterna. Soy eterna cuando te miro porque te miré tantas veces. Ahora tenemos que hacerlo. De una buena vez. Te acompaño, amor. Siempre. Con vos. Unida por un lazo que atrapa lo mejor de vos. Espantada por tu orgullo. Ese que aprendiste a tener para no amarme. Te dicen que no. Me dicen que sí. Y seguiré. Quizás. Impávida ante vos. Queriéndote por las dudas. Soleada. Infinita. La que vos quisiste. La que te indigna con su luz. Esa. Yo. La mujer de tu vida.

Veo belleza cuando los árboles pierden sus hojas, cuando la lluvia se desliza por los cristales, cuando cambian lentamante los colores del cielo, cuando alguien camina con elegancia, cuando alguien se viste con estilo, cuando mi mirada se encuentra con una sonrisa, cuando alguien disfruta de lo que hace, cuando un niño ríe, cuando un hombre llora, cuando una madre abraza a su hijo, cuando un perro guía a un ciego, cuando el agua del mar me salpica, cuando un caballo salvaje trota por la playa, cuando veo volar una mariposa, cuando aparece el arcoiris en el cielo, cuando la luna se refleja en el mar, cuando los picos de las montañas están nevados, cuando juego con una ardilla, cuando mi abuela me teje un gorro, cuando algo está bien hecho, cuando algo hace que cierre los ojos y respire profundo.

Algo bonito es algo para atesorar. Por eso creo que la belleza más que mirarla es para sentirla. Primero entra por los ojos, pero después es necesario cerrar los ojos, respirar profundo y fundirse con ella. Y gracias a dios belleza hay en todos lados. Las mejores cosas no necesitan ser miradas, sino vividas, sentidas y disfrutadas. Cuando saboreamos y olemos algo muy rico, cuando nos relajamos profundamente, cuando hay mucha luz, cuando cantamos con el corazón, cuando besamos, cuando abrazamos y cuando tenemos sexo cerramos los ojos. Nos entregamos de lleno a la situación. Nos olvidamos de nosotros para sentirnos parte de eso, parte de todo.

 

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Lo pequeño y lo grande

En la vida existe un valor que permanece muchas veces invisible para los demás, pero que el hombre escucha en lo hondo de su alma: es la fidelidad o traición a lo que sentimos como un destino o una vocación a cumplir.

El destino, al igual que todo lo humano, no se manifiesta en abstracto, sino que se encarna en alguna circunstancia, en un pequeño lugar, en una cara amada, o en un nacimiento pobrísimo en los confines de un imperio.

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Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los buscaba porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.

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