Buceando en las profundidades

Para descubrir la verdad hay que llegar al fondo de uno mismo. Hay que bucear por ese mar de contradicciones, de constantes polaridades.

Y en ese navegar, en esa búsqueda es cuando nos damos cuenta que estamos completamente equivocados. Que muchas veces creemos cosas o tenemos cosas en la cabeza que no son nuestras y lo peor es que en ellas se nos va la vida.

Tal vez estas vacaciones me vinieron muy bien para cerrar ciertos temas que tenía que resolver. Por fin puedo aceptar y reconocer que todos mis conceptos sobre el amor fueron derrumbados de un soplido. Y más que tristeza, esto me da alegría.

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Porque sé que no sé nada, y creo que tampoco hay que saberlo. Más bien hay cosas que hay que experimentarlas, descubrirlas sin suponer, sin tener ideas al respecto. Es duro reconocer que uno vivió equivocado. Pero todo este tiempo que estuve sola me sirvió para ir cambiando todas estas hipótesis erradas.

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Lo distante pide a gritos quedarse….

Una mujer mirando al mar

Es como ver a través de los ojos de alguien su alma mucho antes de que él o ella misma lo haya descubierto. O como si de repente quisieras atrapar esos instantes que rápidamente se materializarán. Es como sentir un poco más de la cuenta y saber que eso no cuenta. Son relojes que no están en la misma hora, que van a destiempo.

Y entonces vas comprendiendo que es tan necesario aprender a conservar lo que llega a nuestra vida como dejar correr el agua que escapa a través de nuestras manos. Lo distante permanece lejano, y lo lejano no nos pertenece, sino que siempre nos es ajeno. Lo distante pide a gritos quedarse, pero nada podemos hacer mientras permanezca observando desde la orilla por no atreverse a navegar nuestro mar. 

Y mientras tanto el desafío será no dejar de ser mar…..

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