La princesa que vino de otro planeta

Ayer nació mi sobrina Olivia. Y lo único que se me ocurrió fue escribirle este cuento:

Desde que la enfermera se la entregó a su madre, envuelta en una toalla, ella sabía que no pertenecía a este mundo. En vez de llorar, miraba a su alrededor tratando de encontrar algo que le permitiera recordar el mundo del que vino.

No pudo lograrlo, pero todo le parece absurdamente maravilloso. Le gusta disfrutar de sentir el viento en la cara, la sensación del agua cayendo sobre su cuerpo mientras se ducha, ver como cambia la naturaleza durante las estaciones del año, acariciar a los animales y observarlos, jugar y aprender de los niños, escuchar a los ancianos, el contacto de sus manos con otras manos, la suavidad de otros labios pegados a los suyos, la suavidad de otra piel rozando la suya, los diversos paisajes y sabores, oler el perfume que desprenden las flores, tumbarse al sol, el sonido de la lluvia y de la música, etc.

"Ella está loca pero es mágica. No hay mentira en su fuego"

“Ella está loca pero es mágica. No hay mentira en su fuego”

Pero no entiende porqué ya no es invisible y no puede volar, las emociones y los sentimientos se le van de las manos, desconoce las habilidades de su cuerpo, no comprende muy bien cómo funciona el mundo y qué vino a hacer aquí.

La princesa sabe que hay de tres cosas que no va a morir: la primera es de amor, la segunda de soledad y la última de miedo. Sus sentimientos son muy profundos y puros, ella cree ciegamente en el amor, el perdón, la compasión, la sinceridad, el coraje, pero muchas veces duda, le cuesta aceptar que está en la Tierra, se vuelve insegura de sus capacidades, aciertos, se pierde, se enreda y le cuesta volver. Pero vuelve, siempre está en la búsqueda. Ella sabe algo y quiere encontrarlo.

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