Enfrentarnos a la verdad nos hace sentir… ¡Humanos!

A los tres años me desgarré la vagina.

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A los cinco un compañerito del jardín me tiraba en el piso, se ponía arriba mío, no me dejaba moverme y me daba besos mientras yo luchaba para sacármelo de encima.

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No recuerdo la edad, pero entre seis a ocho años, un día jugando con una amiga vino un hombre grande, se bajó los pantalones y nos mostró su miembro, y salió corriendo cuando nosotras llamamos a nuestros papás.

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A los nueve años, un día jugando a la rayuela en el recreo, un nene más chico que yo, me tocó la cola al grito de ¡Qué cañoncito! Fui a hablar con mi maestra, con su maestra, con la directora y lo hice firmar el libro de disciplina. Cuando le conté a mi mamá lo sucedido, me dijo querés que vaya a hablar con la maestra, le comenté todo lo que había hecho, le agarró risa y me dijo: “Con vos no se va a meter nadie”.

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Ya con más de veinte, sufrí dos persecuciones de más de 15 calles de dos hombres, que uno casi me agarra. Y no era para robarme justamente. Estaba casi a punto de alcanzarme y agarrarme el hombro cuando, no sé que pasó, pude salir impulsada hacia adelante, alejarme lo suficiente como para llamar a mi mamá con el móvil. Una vez que salió a la puerta ya me quedé más tranquila.

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Con más de 20, fuimos a una fiesta con amigas en donde varios chicos nos metieron mano por todo el cuerpo. Les proporcionamos pisotones, patadas, codazos, hasta deshacernos de ellos.

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Con 23, viví con mi novio en España, cuando lo dejé no se quería ir de mi casa. Casi me pega y me lo hacia pasar mal por las noches. Hasta que un día me cansé de estar psicológicamente arruinada y le dije o te buscás algo vos o te lo busco yo pero acá no te quiero más. Me contestó que había venido por mí y que se quedaba conmigo. Entonces le respondí: “¿Te apunté con una pistola para que vinieras? Elegiste venir, hacete cargo de tus malas decisiones. A los días se fue de casa.

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Es incómodo que te traten como un objeto. Te deshumaniza.

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La esclavitud del sentimiento

El otro día me encontraba escuchando la radio en el auto, camino a casa, y estaban informando sobre el repentino paro de subtes en la ciudad de Buenos Aires. Cuando miro a mi alrededor, la cola de autos era extensa, y estaba atascada. Me sentí paralizada, llena de indignación. El mundo, mi vida, los transportes, todo se había parado.

A veces siento eso, que TODO está estancado. Principalmente los seres humanos, no avazamos. Siempre estamos viendo de que podemos sacar ventaja, en vez de hacer lo correcto. Cada vez hay más gente que cree que si todo le da igual y no se compromete con nada le va a ir mejor en la vida. ¿Se puede vivir sin un compromiso para con uno mismo?

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