Corazón consciente

Nada ni nadie puede borrarse del corazón. Una vez que tocamos a alguien y fuimos tocados a cambio, una vez que lo abrazamos y fuimos abrazados a cambio, que lo reconocimos y lo dejamos entrar, queda un recuerdo imborrable en el corazón; no importa lo mucho que intentemos olvidarlo, no importa lo mucho que tratemos de alejarlo. Somos inseparables de todo lo que experimentamos y de todo lo que huimos.

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El corazón no conoce de tiempo, ni de ausencia, ni de separaciones, ni de errores, por eso somos perseguidos por todo aquello que evitamos, por esa misma razón es que estamos hechizados por el pasado hasta que lo enfrentamos.

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Renacida en amor

Voy a explotar de amor o de dolor.

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Cada vez que miro dentro de mi pecho, puedo ver como el vacío que me habita me mira de reojo. Siento que mi corazón va a estallar en mil pedazos.

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La palabra, ese instrumento capaz de cambiar todo

Las palabras no sólo sirven para formar oraciones y permitir comunicarnos, sino más bien sirven para crear intención.

El poder de la intención que tiene la palabra es infinito.

Para poder formar las oraciones con las que nos vamos a comunicar, primero debemos elegir las palabras que vamos a utilizar, el tono con el que las vamos a decir, el enfoque con el que las vamos a escribir. Y hasta se pueden inventar.

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Si, hay una gran similitud entre las palabras y el malabarismo. Las palabras son el instrumento para generar patrones de estímulo-respuesta dentro de un tiempo y espacio. Cuanto más hábil seas con su uso, más fácil es obtener una respuesta a tiempo. Y por supuesto esto genera patrones de conducta en el ser humano.

La palabra sirve para aliviar, consolar y sanar un dolor o una pena; para comprender, aceptar y enfrentar un problema; para persuadir, hacer entrar en razón y convencer a una persona de que haga o no haga algo; para juzgar, hacer sentir culpa y manipular las acciones de otro.

En fin, pueden servir para transformar o destruir.

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Lo que no te mata te deja lleno de preguntas

No hay nadie que resuma mejor este sentimiento como Joaquín Sabina en su canción Con la frente marchita: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

A veces por miedo, por suposiciones, por no preguntar, por no saber esperar, por no querer meternos en historias que pensamos que no tienen sentido, nos perdemos de sentir muchas otras cosas.

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Más allá del deseo

El amor no es una cosa de la mente, ¿verdad? No es tan sólo el acto sexual. El amor es algo que la mente no puede concebir; es algo que no puede ser formulado. Y ustedes se relacionan sin amor, se casan sin amor. Por consiguiente, en ese matrimonio, se “amoldan” el uno al otro. ¡Linda expresión! Se amoldan el uno al otro, lo cual es, obviamente, un mero proceso mental, intelectual, ¿no es así? Todo amoldamiento lo es.

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Pero el amor es, por cierto, incapaz de amoldarse. Ustedes saben señores, que si aman a alguien no hay “amoldamiento”, ¿verdad? Sólo hay comunión completa. Únicamente cuando no hay amor comenzamos a amoldarnos. Y a este amoldamiento, lo llamamos matrimonio. De aquí que el matrimonio fracase, porque es la fuente misma del conflicto, una batalla entre dos personas. Es un problema extraordinariamente complejo, como todos los problemas, pero más aún a causa de la fuerza que tienen los apetitos, los instintos.

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