La soledad que sana

Para la mayoría de la gente la palabra soledad es sinónimo de fracaso. La vida no es otra cosa que un entramado de relaciones. Las relaciones existen queramos o no, entonces ¿por qué nos obsesionamos tanto con algo que existe independientemente de nosotros?

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Una relación da igual si no sabemos cómo relacionarnos. Hay personas que salen de una relación y se meten en otra o buscan algún cuerpo para llenar un vacío que creen que el otro les dejó.

Nadie nos deja vacíos, el problema es que estamos vacíos, somos vacío, y no hay nada de malo en eso. Estar vacíos es la única forma que tenemos de llenarnos. Si no hacemos una pausa, vamos a estar llenos de cosas innecesarias, y de ahí nace la monotonía.

La monotonía la creamos nosotros gracias a ese miedo inmenso de aburrirnos. Creemos que conociendo a muchas personas y haciendo millones de cosas vamos a dejar de sentir esa terrible sensación de separación que nos invade. Y no nos damos cuenta que es nuestra forma de hacer y ver las cosas las que nos mantiene separados del resto aún estando rodeados de una multitud.

Si nos acercamos a alguien de la misma manera que lo hicimos con la persona anterior, posiblemente a los dos minutos volvamos a sentir el mismo hastío. A cada persona hay que acercarse de una manera honesta y abierta, intentando conocerlo de verdad.

Nos acercamos a los demás suponiendo que son de tal manera, mirándolos desde nuestros conceptos ¿cómo no nos vamos a aburrir? No dejamos que los otros sean quienes son, porque no nos dejamos ser a nosotros mismos.

La soledad es el espacio donde nace la aceptación. Es el lugar donde suceden las cosas. La soledad es sinónimo de permiso, de permitirnos ser quienes somos, y de permitirle al otro ser tal cual es.

Una relación en la que no haya espacio para la soledad, es una relación muerta. Estar solos nos vuelve creativos, receptivos, abiertos. La soledad nos permite contactar con el silencio, y este nos ayuda a perder el miedo de llenar espacios y momentos con palabras y relaciones superficiales.

Saber estar solos nos enseña a ser pacientes y tolerantes. Aprendemos a esperar, no ir en busca de las cosas, sino realmente a que lleguen por sí solas. Cuando buscamos no existe sorpresa. A veces no encontramos porque estamos buscando, y otras encontramos sin buscar y esos son los mejores encuentros.

No poder conectarnos con nuestro vacío interno es lo que nos vuelve impacientes. Es lo que nos hace estar corriendo todo el tiempo detrás de algo, para luego volver a lo mismo. Es lo que nos mantiene lejos de nuestra vastedad, poniendo nuestras expectativas fuera.

Si nuestro único fin son las relaciones, nos estamos perdiendo lo mejor de nosotros y de los demás. Las relaciones deben ser el medio para llegar al amor incondicional. El amor es el fin último. Y no sólo amor hacia una pareja sentimental, sino hacia cada uno de los seres que habitan el universo.

En el único lugar donde llega a crecer el amor incondicional es en el silencio.

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2 pensamientos en “La soledad que sana

  1. ¡ Cuanta verdad hay en lo que dices y que las gentes lastimosamennte no llegan a percatarse de ello!. Amiga Vivi coincidimos plenamente, como siempre es un placer leerte.
    Besos y abrazos

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