Lluvia de arena

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Una tarde de sol, caminando por la playa, me encontré a mí misma.

Cuando ya no me buscaba, aparecí; tan clara y luminosa como la luna llena; furtiva como una loba solitaria entre la espesura del bosque, que, por fin, halló su madriguera.

Caí de rodillas, desnuda, mirando al cielo, con los brazos abiertos; gracias al viento, podía sentir como la arena se precipitaba como torrente sobre mis pechos y mi vientre.

Me dejé acariciar por la lluvia de arena, tan infinita como un instante, para llenarme de vida, volverme mar y reinventarme en la marea.

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