A la luz de la farola

En el cielo comienzan a aparecer los colores del atardecer, y en la ciudad empiezan a encenderse las luces de las farolas para iluminar nuestros caminos.

Son las encargadas de alumbrar con elegancia las calles y nuestros pasos. Son nuestras guías durante la noche, iluminan en la oscuridad.

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Siempre que miro una farola, recuerdo que también tengo que iluminar de alguna manera mi camino.

Mi corazón es mi farola, me guía cuando no puedo ver. Con cada latido, intuyo que hay una luz, siempre encendida, más poderosa, que viene de dentro.

Pero se va apagando cada vez que me acerco a aquello que no tiene que ver conmigo, me alejo de mí misma. La luz del alma se debilita a la sombra del ego.

Cuando veo todo oscuro, vuelvo la mirada hacia mi corazón, allí está flameando la llama de mi esencia, que me invita a recorrer el camino de regreso a casa.

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4 pensamientos en “A la luz de la farola

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