Mientras cae la lluvia

Siempre que llueve me gusta mirar por la ventana, ver como las gotas caen, dejando su huella sobre el vidrio.

Mis pensamientos vuelan como si fueran una hoja que el viento arrancó de un árbol porque necesitaba volar.

La brisa me lleva lejos, a veces me arrastra por el suelo y otras me eleva tan alto que me da miedo bajar.

Y voy recorriendo el mundo, cambiando de color, observando la luz en la mirada de la gente que se ama y escuchando la trivialidad con la que algunos hablan de amor.

Lo único que sé es que la vida es cambio. No tengo miedo cuando llega mi turno de madurar. Una vez que empiezo a secarme, pronto tendré que marchar.

Tampoco le temo a la tempestad, me hice amiga de la lluvia y juntas nos pusimos a bailar. El agua universal me recuerda lo feliz que fui de nacer en un árbol y de la alegría que sentí cuando por fin un día el viento me ayudó a volar.

Gracias al árbol conocí el amor, gracias al viento conocí la libertad, y gracias a la lluvia conocí el coraje.

Vuelvo en mí, sigo escuchando el sonido de la lluvia. Esa misma lluvia que me enfrenta a lo quiero y temo; que me da la confianza de saber que, en algún momento, va a salir nuevamente el sol.

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