El verdadero erotismo no conoce de límites

Hay que rendirse ante el flujo primordial de la naturaleza para liberar al erotismo de la lógica del mercado y de los esterilizantes de la razón.

El objetico principal del amor es la ingestión de la Galaxia. Una conspiración para la transmutación. El mismo implica una sexualidad no ordinaria. El mundo anglosajón post-Protestante canaliza toda su sensualidad reprimida hacia la publicidad, dando vida a mojigatos histéricos o clones promiscuos.

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Hay que quitarle al erotismo los engranajes del capitalismo y tener relaciones eróticas no sólo entre hombres y mujeres (y hombres y hombres y mujeres y mujeres y todas las variaciones), sino también con árboles, flores, animales, montañas, estrellas y galaxias. El amor, si es, está en todas partes.

Si queremos experimentar la infinita energía del amor sexual, la divinidad salvaje de nuestros cuerpos en éxtasis, debemos liberarnos de la economía del amor. Para ello, el amor no debe ser escaso. Mientras que en el cosmos salvaje abundan los amantes, la cultura de la comodidad nos ha robado esto. Por lo que nos queda aprender a amarnos, descubrirnos a nosotros mismos como una fuente de placer tal que nos enamoremos de nosotros mismos.

Cuando aprendemos a estar enamorados de nosotros mismos, a encontrar en nosotros la fuente de interminable placer erótico, el amor nunca puede ser escaso, porque siempre nos tendremos como amante.

Y cuando nos amamos a nosotros mismos, el Eros fluirá libremente por el mundo a través de nosotros. Ya no amaremos por necesidad, sino que compartiremos nuestra vasta energía erótica con cualquiera que se abra a ella. Nuestros amantes serán hombres, mujeres, niños, plantas, flores, animales, montañas, ríos, océanos, estrellas y galaxias. Nuestros amantes estarán en todos lados, porque nosotros mismos somos amor.

La sexualidad, tanto cultural como biológica y metafísicamente, es un pulso tan enérgico que, generalmente, suele desbordarnos. Esto puede generar confusión, ansiedad, euforia, etc. Tras siglos de entablar una relación limitada con el sexo, durante las últimas décadas se han abierto los caudales energéticos en torno a esta actividad, para dejar de contener una fuerza cuya naturaleza está orientada, esencialmente, hacia el libre flujo.

Junto con esta lucha por liberar la sexualidad, se han desatado ciertas vetas ‘frivolizantes’, que coquetean con la automatización pop y la insaciabilidad –incluso podríamos hablar de una búsqueda obsesiva, durante nuestras relaciones, por consumar el orgasmo.

Deberíamos preguntarnos si nuestra vida sexual es verdaderamente estimulante. Deberíamos pensar si cuando experimentamos placer, estamos realmente entusiasmados con nuestra vida sexual. Muchas veces recurrimos a esta actividad porque es lo que todos los demás hacen. No está mal de vez en cuando darse una pausa y recuperar el verdadero deseo.

Durante esta pausa, nos sumergiremos en un proceso de re-sensibilización. Aprendéremos más sobre nuestro cuerpo, sobre el papel del arte en el erotismo, el poder de los sueños, la tersura de la ropa y la importancia de la elegancia. También seremos más sensibles al placer que remite el observar el cuello de un hombre o escuchar una voz. La sociedad no reconoce este tipo de felicidad, la mayoría de las personas quieren probar que son sexualmente funcionales y nada más. Les da pena admitir que están solos en sus camas, algo que puede resultar inmensamente placentero.

Nuestra vida sexual está construída sobre el miedo a la soledad, el estatus social, el sexo por  ‘default’, etc. Paradójicamente, en nuestro afán por ‘liberar’ al sexo, podríamos haberlo encerrado en otro tipo de prisión, tan poco conciente como la original, eliminando ingredientes como el moralismo pero agregando otros como la frivolidad.

Estaría bien, de vez en cuando, reflexionar y cuestionarnos acerca de todas nuestras creencias, en particular aquellas que, orgullosamente, postulamos como verdades incuestionables.

Jean Delville25

El sexo como herramienta evolutiva: ¿Es el sexo la puerta hacia lo espiritual?

En lugar de aprovechar el sexo como fuente de energía sublime, la tendencia dominante es usarlo como distracción, de manera frívola, para entablar relaciones de poder y acumular miedos y tabúes.

Actualmente, la actitud social que mantenemos frente al sexo bloquea el flujo de la evolución sexual. Y al ser conscientes de esto, emergen casi de forma automática las posibles soluciones para superar dichos bloqueos.

Uno de ellos es la falta de conciencia ante la enorme cantidad de energía involucrada en un intercambio sexual.

Esto puede ser entendido en una indiscriminada elección de parejas sexuales, lo que fomenta el establecimiento de lazos profundos entre personas que no tienen la misma vibración. Reflexionar sobre esto puede ayudarnos a decidir más conscientemente con quién, cuándo y dónde vamos a sostener un encuentro sexual.

El segundo es  la ansiosa búsqueda del orgasmo.

Culturalmente estamos acostumbrados, casi programados, a asociar el sexo exclusivamente con el placer, y a este último con el orgasmo. Muchas personas consideran que el acto sexual no deriva en un orgasmo, el encuentro fue un fracaso. Abusar de la frecuencia orgásmica puede provocar vacíos que repercuten en la salud física, emocional y mental de una persona, ya que es un arma de doble filo: por un lado, puede servir de vehículo a iluminarte, y por otro lado es una fuerza que puede desahuciarte con facilidad.

Tenemos que poner atención a nuestros ritmos orgásmicos y entender que podemos sostener encuentros sexuales memorables, quizá históricos, sin necesidad de llegar al orgasmo.

El tercero y último es el encausamiento de la energía sexual.

La misma energía que podemos encausar a través del conducto sexual puede ser utilizada para propulsar nuestra creatividad. Si intentamos conducir nuestra energía hacia una actividad que involucre nuestro centro creativo, probablemente obtendremos resultados interesantes.

El sexo es un recurso para expander los limites de nuestra conciencia y no una mera distracción mundana ante el sendero del espíritu.

Nuestra perspectiva común del sexo responde a dos principios básicos: el de la reproducción o del placer, hay un tercer cause que es la liberación del ser. La tradición tántrica plantea que no solo es una herramienta que sirve para motivar la preservación de la especie o brindar un enorme placer, sino que también puede utilizarse como un portal a la expasión de la conciencia: el matrimonio entre la sexualidad y la espiritualidad.

El amor de las almas 1900

La energía que produce el éxtasis sexual, es la misma que nos lleva al éxtasis místico.

Tenemos que empezar a reconocer que somos el sexo, que somos la sensación sexual (seres sexuales), que no estamos separados de él. Una vez que hayamos comprendido esto iremos mas allá, tratando de descubrir la íntima relación que existe entre la sexualidad y el éxtasis místico. El goce sexual es espiritual y sagrado, el sexo es arte, poesía, música, éxtasis, arrobamiento, devoción, adoración y entrega.

Las personas que repriman el sexo o los que actúan de manera lujuriosa tienen más posibilidades de tener complejos, huidas, prejuicios, condicionamientos, miedos, crisis de identidad, narcisismos, etc.

El sexo es belleza, es compartir, es entrega, es comunicar… no hay que ver culpabilidad ni miedo en nuestros actos, el sexo solo es el juego del amor. Hay que sanarse poco a poco e ir volviendo a lo natural y la clave está en el manejo de la energía sexual.

El éxtasis es una experiencia incomunicable, es algo místico y a la vez sexual. Son dos aspectos de una misma cosa.

La vivencia de lo sexual como una comunión espiritual con nuestra pareja nos permite fusionarnos con la totalidad, con eso que nunca dejamos de ser, la Eternidad. La clave no es solo encauzar la energía hacia adentro, sino que es necesario un estado del alma diferente al cotidiano, debemos cambiar la forma de pensar y sentir.

La espiritualidad no está en el orgasmo sino en nuestra actitud interior, en nuestra absoluta consciencia omniscente en el aquí y ahora. El amor es la llave que abre la puerta y no la razón.

Tomasz Rut  15

El erotismo se refleja en el alma

El erotismo tiene que ver con el amor, con compartir y ser solidario con todos y con todo, estar en comunión y fusión total con la vida, el cosmos, con nosotros mismos.

Para el eros amar es entusiasmarse, es la necesidad de otra persona que le da sentido a la nuestra, es una celebración que agrega belleza y que vuelve al sexo un acto humano y no una mera gimnasia o instinto.

El verdadero erotismo es un juego, da libertad, brinda placer, es una experiencia estética. Con el recuperamos la maravilla que somos, que no se define con dogmas, sino que se crea a partir  de la experiencia y a ella nos devuelve.

El amor es inútul, como Dios, no sirve para nada, solamente es. Por eso Dios es amor y cuando amamos somos Dios.

Una de las mayores revelaciones de la Biblía es que Dios es amor. Esto es lo más profundo que se dijo sobre Dios y del amor. En una de sus provocadoras definiciones, Osho dice que el amor es el encuentro orgásmico de la muerte y la vida.

El miedo a la muerte es el miedo a amar.

Seducción

Ven a vivir conmigo, y sé mi amor,

y nuevos placeres probaremos

de doradas arenas, y arroyos cristalinos;

con sedales de seda, con anzuelos de plata.

Discurrirá entonces el río susurrante

más que por el sol, por tus ojos calentado,

y allí se quedarán los peces enamorados,

suplicando que a sí puedan revelarse.

Cuando tú en ese baño de vida nades,

los peces todos de todos los canales

hacia ti amorosamente nadarán,

más felices de alcanzarte, que tú a ellos.

* Versión de Purificación Ribes

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8 pensamientos en “El verdadero erotismo no conoce de límites

  1. Guau Disparatada, que escrito tan verdadero has compartido. Algun dia dejaremos de lado la mojigateria y aceptaremos el sexo como lo que es, una expresion de nuestra totalidad humana? espero que si, amiga. El Universo ha sido creado por y para el amor, sin limites. Abrazo cubano!

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