A la soledad la llevo en mi nombre

Sí, me llamo Viviana Soledad; desde chica no me quedó otra que llevarme bien con mi nombre, tuve que aceptarlo.

Ahora que lo pienso, mi nombre tiene cierto equilibrio. Viviana significa pequeña vivaz y Soledad “Aquella que esta sola” o “Aquella que es única”, la que ama tener momentos a solas. Para aprender a vivir, se necesita tiempo con uno mismo.

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Mi mamá, quién me dio la vida, eligió Viviana, mi papá que me ayudó a aceptar y comprender, eligió Soledad. La soledad no excluye la vida, al contrario, llegamos a comprender la vida a través de ella.

¿Qué es la soledad? ¿Quién es solitario? Aquel que ya no necesita ser necesitado, aquel que no busca su significado en el otro, en las respuestas de los demás. ¡No! Aquel al que si le das tu amor, te lo agradecerá pero si no se lo das seguirá siendo tan bueno como siempre.

No sé porque la gente se obsesiona tanto con ella. La soledad bien entendida es bella, porque en ella nos reconocemos, nos descubrimos. La soledad nos permite crecer y fortalecer nuestro espíritu. Para aprender a amar y vencer los miedos antes hay que tener una cita con ella.

Es fundamental saber estar solos. Descubrir y reconocer que somos seres vacíos, nos permite aceptar nuestro verdadero ser. Estoy convencida de que somos potencial puro, al cual podemos desarrollar o dejarlo tal cual.

Al no aceptar eso que somos (pura nada), nos invade el miedo e intentamos tapar el vacío con cosas efímeras (placer-dolor). En la vida se nos enseña que tenemos que ser algo, entonces nunca podemos descubrir nuestra verdadera esencia. Nos da vergüenza mostrar que en realidad no tenemos nada.

Pero no tener nada equivale a tenerlo todo. Podemos tener lo que queramos, llenarnos con lo que queramos. Podemos utilizar ese potencial que somos para evolucionar y engrandecernos o para empequeñecernos y estar en el mismo lugar, cada cuál puede elegir lo que quiera.

Por eso somos libres y responsables de nuestro crecimiento. Crecemos cuando afrontamos los retos que la vida nos presenta. Cuando nos hacemos cargo de lo que queremos y de lo que sentimos. Cuando somos capaces de dejar de lado el miedo y entregarnos a la vida. Eso es confiar.

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Y cuando confiamos en que nada malo puede pasarnos, empezamos a vivir de verdad. Estamos a gusto con nosotros mismos porque podemos aceptar todo lo que nos llega. Sea bueno o malo. Nos aventuramos en lo desconocido, nos damos el lujo de intentar porque ya no es tan importante lo que pase, sino el vivirlo.

Vivir nos enriquece, porque ya no elegimos. Dejamos que las cosas sucedan y en ese suceder, nos fortalecemos. Ya no hay sufrimiento, ya nuestro ego no se siente dañado ni lastimado. Asumimos lo que sea.

Si aceptamos lo agradable sin perseguirlo, lo desagradable sin rehuirlo y lo indiferente sin ignorarlo nos libramos del sufrimiento por un tiempo. Y por fin se hace presente la tan ansiada libertad, merecedora de ser fortalecida.

Ser libre significa que podemos elegir lo correcto o lo equivocado; si solo pudiéramos elegir lo correcto no sería libertad. Somos capaces de ambas cosas: de elegir lo correcto o lo equivocado. El peligro está- de ahí el miedo- en que lo equivocado es siempre más fácil de hacer. Lo equivocado es una tarea cuesta abajo y lo correcto es un esfuerzo cuesta arriba.

Tenemos que tener en cuenta que no somos una entidad, sino más bien un puente entre dos eternidades, la animal y la divina, la inconciente y la conciente. Si aumentamos nuestra conciencia, aumentará también nuestra libertad. Permitamos que cada paso que demos sea fruto de una decisión personal. Empecemos a crearnos y hacernos responsables de lo que creemos.

La responsabilidad no es otra cosa que ser sincero, auténtico, por eso es que hagamos lo que hagamos, hay que hacerlo con todo el corazón. Cuando hacemos algo, deberíamos hacerlo plenamente. Ser responsable significa estar vivo, estar presente en este momento.

Cuando ya no le tememos a la soledad, somos libres, y con la libertad, llega la responsabilidad. Pero para crecer, si en realidad deseamos nuestro crecimiento, necesitamos de alguien que responda, de alguien que mantenga tal intimidad con nosotros que podamos abrirnos completamente.

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Entonces ahí es cuando perdemos todos los miedos, y nos ganamos a nosotros mismos. Tenemos que tener en cuenta que no somos tan importantes, o tan gigantes, o no estamos tan presentes en la vida de los demás como para que cualquier cosa que digan, miren, piensen o sientan tenga que ver con nosotros.

Una vez que comprendamos que cada persona está en su propia búsqueda, afrontando sus problemas y limitaciones, y resolviéndolos lo mejor que puede, nos sentiremos menos afectados por las opiniones o actitudes ajenas. Y probablemente eso nos ayude a tener una paciencia más sincera, sin hacer tanto esfuerzo, y a ser más comprensivos y amorosos con los demás.

Lo que sea que hagamos hoy, nos beneficiará ahora, así como en el futuro. Necesitamos prestar más atención para llevar a cabo las acciones correctas y podamos crear lo mejor para nosotros.

Tener conciencia de nuestras acciones pasadas, de sus resultados y repercusiones nos ayudará a alcanzar la paz interna. Tenemos que ser un poco más concientes cuando nos relacionamos con los demás, porque lo que hacemos siempre afecta al otro. Pensar es fácil. Actuar es difícil. Actuar como se piensa es lo más difícil de todo, sentenció Goethe.

Para vencer nuestros miedos necesitamos tener tolerancia y coraje. Y esa fuerza –la tolerancia– es muy superior a cualquier tipo de armamento y es capaz de superar cualquier situación desagradable.

Los verdaderos cambios no se producen en el camino, sino que se producen en el caminante. Pero el cambio de caminos es un comienzo. Vivimos afuera y debemos empezar los cambios desde fuera. Si tenemos el coraje de cambiar lo de afuera, eso fortalecerá nuestro coraje para cambiar por dentro.

No somos nada; podemos ser todo.

Aprendemos para vivir. Vivimos para aprender.

Ser habilidoso significa ser conciente. Llevemos más conciencia a cada acto de nuestra vida, a cada paso de nuestro ser.

Ahora piso fuerte la tierra y llevo mis pequeñas herramientas guardadas en mi morral, no para sanar a otros, sino para curar las heridas que el largo camino de la existencia ha dejado en mi alma.

Y lentamente me doy cuenta que a cada paso que doy, en mi morral encuentro todo lo necesario para curar las nuevas heridas que con el tiempo van renovándose y transformándose en bellas señales de una vida que como mapa universal atraviesan mi piel y cuentan miles de historias. Historias de un viajero del alma que nunca se agota de ir más allá. Historias de un extranjero que descubrió que su real vocación era vivir en profundidad para si mismo.

¿Y todo el resto del mundo? ¿Y los otros? Ellos también son viajeros que eligen como vivir. Y son libres.”

– Emilio Díaz Barrios –

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17 pensamientos en “A la soledad la llevo en mi nombre

  1. “No somos nada; podemos ser todo.”

    Me encanta… podría ser perfectamente el resumen más extenso de mi/tu vida…

    Apetecería un beso de miércoles con un leve acento mediterráneo…?

  2. Me encantó el texto, como siempre… Doblemente, porque mi pareja también se llama Soledad (y también es argentina) y a ella tampoco le quedó otra que llevarse bien con su nombre, un nombre que a mí me parece precioso pese a sus connotaciones. Si le ponemos música, salen dos de mis canciones preferidas: “Soledad”, de Dréxler, y “Que se llama soledad”, de Sabina. Cuando las escucho nunca pienso en “la soledad”, sino en “Soledad”, que es diferente…

  3. He comprobado hasta la saciedad; lo sé, lo reconozco, lo he visto, lo siento…LA SOLEDAD ES EL ESTADO PERFECTO. No depender emocionalmente de nadie (obvio sin que sea por frustración) se nos convierte en un elixir, claro que no se requiere llevar dentro de sí el odio por los demás, este es un sentimiento y no lo merecen. Ser misántropo no vale la pena porque ya es una doctrina. Es una constante prevención, causa ansiedad. Si, SOBRE EL SILENCIO UNO LEVANTA SU IMPERIO; el silencio bien entendido se debe asimilar como hablar cuando hay necesidad y callar cuando hay necesidad, es decir saber aceptar las dos situaciones. Por mi parte he comprobado que en la soledad total y bien asimilada y entendida esta la seguridad perfecta, total. Se le cierra el paso al abordaje de las personas que algo buscan en uno. Evitar la compañía del hombre es altamente saludable sobre la base del principio de Tito de que “el hombres en un lobo para el hombre (Homo Hominis Lupus) ergo el hombre es nocivo. Claro que necesitamos de él, pero la norma hay que asimilarla al principio de los desechables que emerge en este Siglo; “ÚSELO Y BOTELO”. HERNANDO SALGUERO FLOREZ PERIODISTA COLOMBIANO.

      • Muy amable por tu espontanea respuesta. Por aquí a tus amables ordenes. HERNANDO SALGUERO PERIODISTA COLOMBIANO

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