Lo pequeño y lo grande

En la vida existe un valor que permanece muchas veces invisible para los demás, pero que el hombre escucha en lo hondo de su alma: es la fidelidad o traición a lo que sentimos como un destino o una vocación a cumplir.

El destino, al igual que todo lo humano, no se manifiesta en abstracto, sino que se encarna en alguna circunstancia, en un pequeño lugar, en una cara amada, o en un nacimiento pobrísimo en los confines de un imperio.

1004456_591864100857997_11039496_n

Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los buscaba porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.

El destino se muestra en signos e indicios que parecen insignificantes pero que luego reconocemos como decisivos. Así, en la vida uno muchas veces cree andar perdido, cuando en realidad siempre caminamos con rumbo fijo, en ocasiones determinado por nuestra voluntad más visible, pero en otras, quizá más decisivas para nuestra existencia, por una voluntad desconocida aun para nosotros mismos, pero no obstante poderosa e inmanejable, que nos va haciendo marchar hacia los lugares en que debemos encontrarnos con seres o cosas que, de una manera o de otra, son, o han sido, o van a ser primordiales para nuestro destino, favoreciendo o estorbando nuestros deseos aparentes, ayudando u obstaculizando nuestras ansiedades, y, a veces, lo que resulta todavía más asombroso, demostrando a la larga estar más despiertos que nuestra voluntad consciente.

En el momento, nuestras vidas nos parecen escenas sueltas, una al lado de la otra, como tenues, inciertas y livianísimas hojas arrastradas por el furioso y sin sentido viento del tiempo. Mi memoria está compuesta de fragmentos de existencia, estáticos y eternos: el tiempo no pasa entre ellos, y cosas que sucedieron en épocas muy remotas entre sí están unas junto a otras vinculadas o reunidas por extrañas antipatías y simpatías. O acaso salgan a la superficie de la conciencia unidas por vínculos absurdos pero poderosos, como una canción, una broma o un odio común. Como ahora, para mí, el hilo que las une y que las va haciendo salir una después de otra es cierta ferocidad en la búsqueda de algo absoluto, cierta perplejidad, la que une palabras como hijo, amor, Dios, pecado, pureza, mar, muerte.

Pero no creo en el destino como fatalidad, como en la tradición griega, o en nuestro tango: “contra el destino, nadie la talla”. Porque de ser así, ¿para qué les estaría escribiendo? Creo que la libertad nos fue destinada para cumplir una misión en la vida; y sin libertad nada vale la pena. Es más, creo que la libertad que está a nuestro alcance es mayor de la que nos atrevemos a vivir. Basta con leer la historia, esa gran maestra, para ver cuántos caminos ha podido abrir el hombre con sus brazos, cuánto el ser humano ha modificado el curso de los hechos. Con esfuerzo, con amor, con fanatismo.

— La resistencia, Ernesto Sábato

Anuncios

14 pensamientos en “Lo pequeño y lo grande

  1. Profundo, Viviana.
    Algo siempre discutido, pero, por suerte, nunca aclarado. Porque, incluso las personas mas reticentes a reconocerlo, se han dado de bruces con la realidad.
    Sinceramente, me ha gustado mucho, prueba de un momento en el que la sapiencia se ha abrazado con la inspiración.
    Un besote grande.

  2. No creo en el destino. Creo que cada uno se escribe su propia historia y sí, las casualidades suceden, pero, en cualquier caso, si uno hace lo que siente que tiene que hacer, vive como siente que debe vivir, es muy probable que esas casualidades beneficiosas sean más frecuentes. No tengo explicación para los sucesos negativos, y hay mucha gente que opina que todo lo que nos pasa tiene un sentido. De todo obtenemos un aprendizaje. Claro que sí… si vives para contarlo. Me niego a aceptar que las víctimas de una guerra estén predestinadas a vivirla y que obtengan un aprendizaje de ello. Saludos.

    • Hay cosas que pasan que son difíciles de aceptar, pero estoy segura que de Todo hay algo que aprender, incluso de una enfermedad, de una muerte, de una guerra y de todo aquello que es doloroso. Un beso

  3. Está muy bien las ideas y las formas, tienen todo sentido a mi parecer.
    Nada pequeño o grande… o todo. Es el mirar, el entender.
    En fin felicitaciones. Saludos. (Y, claro, gracias).

  4. Muy inspirador todo lo que ha salido de tu mente transportado por tus manos, yo al igual que la masa que lo piensa así, no creo en el destino, cada persona, cada individuo es arquitecto de su propio destino y claro está que quizá hay casualidades que se manifiesten en la vida, pero siempre se ha pensado que todo sucede por una razón, ya sea desde conocer a una persona por vía de un amigo o conocido y veas a esa persona 40 años después si no es que la niebla invade tu mente para dificultarte la nitidez de su rostro, muchas felicidades y un besote grande.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s