La esclavitud del sentimiento

El otro día me encontraba escuchando la radio en el auto, camino a casa, y estaban informando sobre el repentino paro de subtes en la ciudad de Buenos Aires. Cuando miro a mi alrededor, la cola de autos era extensa, y estaba atascada. Me sentí paralizada, llena de indignación. El mundo, mi vida, los transportes, todo se había parado.

A veces siento eso, que TODO está estancado. Principalmente los seres humanos, no avazamos. Siempre estamos viendo de que podemos sacar ventaja, en vez de hacer lo correcto. Cada vez hay más gente que cree que si todo le da igual y no se compromete con nada le va a ir mejor en la vida. ¿Se puede vivir sin un compromiso para con uno mismo?

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Estamos presos de lo que nosotros mismos pensamos. Vivimos en una jaula, encerrados por miedo a sufrir, a que descubran que somos vulnerables ¿Acaso de eso no se trata ser persona? Venimos a este mundo a experimentar toda clase de situaciones. Son estas las que nos permiten sentir. Son las experiencias las que nos vuelven humanos.

¿Cuándo nos sentimos indignados? En mi caso particular, me indigno cuando mi mente no comprende ciertas situaciones. Cuando no entiendo como funcionan las mentes del resto. Cuando pienso ¿cómo a alguien se le puede ocurrir eso? Hay ciertas circunstancias que me ponen muy mal y no lo puedo evitar, ni trato de hacerlo. En esos momentos es cuando me doy cuenta que estoy viva, que puedo sentir, que soy libre para decidir.

Y cada vez hay menos gente que decide. Son esclavos de sus sentimientos. Su miedo no les permite ser libres. Por ende, su vida pasa por las decisiones de los otros, les gusten o no. Son víctimas de ellos mismos. Y por eso, sólo pueden juzgar a los demás.

A pesar de mi indignación, mis pensamientos siguen siendo puros. Aunque haya muchas situaciones que me duelan, dejo que pasen. Es muy sabio dejar que cada uno mueva su pieza en el juego. Cada uno tiene su rol. Y a partir de como cada uno juega, es cuando se pueden tomar las decisiones.

Yo decido ser feliz. Decido a cada paso ser mejor, y vivir y dejar hacer. Creo que de eso se trata el juego: observar, decidir, jugar y dejar jugar, por más que perdamos. La pérdida mucha veces es una ventana para poder salir de la esclavitud de nuestros eternos miedos.

¿Y vos qué decidís?

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2 pensamientos en “La esclavitud del sentimiento

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